Con ‘Navidad en Candy Cane Lane’ Eddie Murphy trata de subvertir el cine navideño en Amazon Prime Video, pero la película acaba siendo aquello de lo que se mofa

Ya está aquí. Como cada año, el cine navideño se ha instalado de manera prominente en los distintos servicios de streaming y las tardes de fin de semana de Antena 3. Y aunque tú no quieras, vas a acabar viendo cualquiera de las cientos de nuevas películas con la festividad en su título, desde ‘Tarjeta de Navidad’ hasta ‘Soltero en Navidad’. Ahora, Amazon Prime Video ha tratado de romper con todo en una película navideña que precisamente destaca allá donde no debería hacerlo: en su falta de decisión.

Dulce Consumismo

Estoy seguro de que ‘Navidad en Candy Cane Lane’, en un momento del guion, fue una transgresión de la norma loca y paródica (algo ha quedado, como pequeñas chispas que saltan muy de vez en cuando), pero el paso del tiempo, los ejecutivos y las reescrituras la ha convertido en aquello que precisamente trata de subvertir: una película navideña más. Las intenciones son buenas, pero al final, entre el imposible batiburrillo de tramas, subyace un blandiblú emocional con muy poco fuste. Ni un Eddie Murphy tratando de dar empaque a la cinta consigue hacerla pasar de un entretenimiento navideño simplemente funcional.

Esta película tiene un público claro: aquellos que se ponen jerseys feos navideños, no les molesta que Mariah Carey suene en todos los sitios, tienen siempre una provisión de polvorones de sobra y adoran el momento de cantar ‘Noche de paz’ en familia, pero en el fondo saben que la tradición está un poco desfasada y reírse de ella es natural siempre que no hagas daño a nadie. El resultado es un humor tan blanco que nadie puede sentirse ofendido, alarmado ni emocionado, convirtiendo cada minuto del metraje en una asepsia emocional digna de estudio.

Candy Cane Candy Cane

Al menos, durante el primer acto, ‘Navidad en Candy Cane Lane’ plantea algunas ideas divertidas al reírse del consumismo exagerado, mofándose del trato que reciben las religiones en estas fechas y de que algunos supermercados ya empiecen a promocionar San Valentín en pleno diciembre. Sin embargo, cuando se adentra en la trama mágica, el interés decae, los efectos visuales no tienen empaque de ningún tipo y uno acaba preguntándose por qué eran necesarias dos horas para una película que ni siquiera tiene claro qué demonios es.

Eddie sin forma, Eddie Amurphy

No se puede jugar a todo. No puedes ser una película navideña y al mismo tiempo anti-navideña, igual que no puedes intentar jugar a criticar el consumismo pero hacer que un Santa Claus cargado de regalos forme parte principal de tu trama. La película dirigida por Reginald Hudlin quiere ser, pero no es. Y al revés. Igual que el año pasado le ocurría a la española ‘Los reyes magos: la verdad’, teme las represalias de un público familiar y agua muy rápidamente sus aspiraciones de atropello al sistema.

El resultado es una cinta que mezcla todas las tramas que puede en una batidora (¡El padre ha sido despedido! ¡Quiere ganar el concurso navideño de su barrio! ¡Debe recuperar cinco anillos de oro! ¡Santa Claus está metido en el meollo!) esperando que la salsa resultante tenga el más mínimo de los sentidos. Las cosas, como son: más o menos, y por sorpresa, lo consigue. Es siempre entretenida, incluso en los momentos de mayor vergüenza ajena (principalmente, en un CGI de hace quince años y un guion simplón), y resulta constantemente disfrutable aunque sea de una manera absolutamente naïf y, por qué no decirlo, un poco culpable.

La carrera de Eddie Murphy, que en la década pasada apenas se dejó ver por Hollywood, está en pleno resurgimiento, especialmente tras su éxito con ‘Yo soy Dolemite’ en 2019. Es cierto que ya está preparando la cuarta parte de ‘Superdetective en Hollywood’, que volverá a ponerle en primera plana, pero hoy por hoy esta película navideña es un paso atrás en el que ni él mismo cree demasiado. De hecho, a lo largo del metraje se le nota despreocupado esperando que su falta de implicación pase desapercibida en unas escenas desganadas donde el humor marca de la casa brilla por su ausencia. Es cumplidor, como toda el metraje. Tú decides si quieres más.

Si amas el género, estás de enhorabuena: en el mundo del cine navideño directo al streaming, esta se sitúa en la parte alta. Se toma el tiempo suficiente para reírse de los tópicos aún cayendo en todos ellos de manera sistemática y trata de hacer algo distinto, aunque con una tibieza que impide ir más allá. De hecho, ese es su mayor pecado: por más que muestres gansos tirando huevos a la cara, Santa Clauses en moto, Eddie Murphys compitiendo por la mejor casa navideña y gags con el ritmo cómico absolutamente perdido en combate, si falta corazón y motivación, falla todo.

Cuando las intenciones radicales se entrecruzan con un público infantilizado al que -creemos- le puede hacer daño que se subviertan sus expectativas sale ‘Navidad en Candy Cane Lane’, que pretende echar pimienta en tus polvorones pero al final se arrepiente y le añade una doble dosis de azúcar. Y sí, indigesta un poco.

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